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lunes, 29 de marzo de 2010

Heterodoxa.com


Me mudo al nuevo dominio. Ahí encontrarán reseñas, recomendaciones, columnas, fotografías, pinturas y un montón de dilucidaciones varias sobre el ser y la nada. Todo perfectamente ordenado en categorías ;)

Las actualizaciones más sustanciales las seguirán encontrando aquí. Gracias por acompañar el recorrido.

Si alguien es diseñador y quiere hacerse un logo de 650x40 pixeles: Bienvenido sea.

martes, 16 de marzo de 2010

Sin título


El cemento no se mueve con el viento.

martes, 9 de marzo de 2010

El mundo de lo desechable


Siempre he pensado que yo pertenecí a otra época.
Tal vez sea la misma de
escritor uruguayo Marciano Durán.
Porque mis primeros juguetes fueron una lata de NIVEA y unas cajas de zapatos,
porque intento salvar la encuadernación tipo medieval de su desaparición
por el mercado de lo desechable, porque mi casa esta formada de muebles viejos
que he encontrado por ahi. Porque negocio con los pepenadores del barrio las
maneras mas convenvientes de reciclar. En fin, por todo esto les presento este
texto de Durán:


*
Me caí del mundo y no sé por dónde estoy

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando
cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se
le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..
No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos,
los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los
doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.
Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios
hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.
¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo
sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos
resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando
los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.
¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en
algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se
entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo
discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una
vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora
todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!
¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable
en el cajón de los cubiertos!
Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para
toda la vida!
¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y
hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido
más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos
cambiado de refrigerador tres veces.
¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen
adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al
poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo
obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los
talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y
más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años
que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era
niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a
los patos o a los conejos (y no estoy hablando del Siglo XVII)
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en
las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en
la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de
abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido
mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con
el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al
'compre y bote que ya se viene el modelo nuevo'. Hay que cambiar el
auto cada 3 años como máximo, porque si no, eres un arruinado. Así el
coche que tenés esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado
eternamente para pagar el nuevo!!!! Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de
celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la
dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma
mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como
para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que
servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir.
Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué
cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar
(porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro
primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de
infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren
que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos
meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran
y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se
consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era
para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y
el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y
guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos
limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el
barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas
para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las
martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los
instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela.
¡Tooodo guardábamos!
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores
que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los
encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad-
se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros
cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del
corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y
las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al
techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o
frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se
terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que
un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!!
Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para
pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para
envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo
el diario pegado al trozo de carne!!!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los
cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del
almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si
algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque
podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba
prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros
álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara
alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía
'éste es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el
ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que
esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza
completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de
nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden
'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de
no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía
en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita',
nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las
pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas
de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las
primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa
belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las
tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en
portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.
Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se
desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me
muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables;
que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.
Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la
memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a
hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo
han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir
que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar
en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos,
que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o
que valoran más a los lindos, con brillo, pegatina en el cabello y
glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De
lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme
seriamente entregar a la 'bruja' como parte de pago de una señora con
menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para
transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la
'bruja' me gane de mano y sea yo el entregado.


domingo, 7 de marzo de 2010

Poesía heterodoxa


La poesía no es ortodoxa, siempre es disidente.

La poesía es una conducta personal e irregular, que no pretende nada que no sea darnos el testimonio terrenal de una experiencia. Nacida del mismo instinto que la religión, se nos aparece como una forma clandestina, ilegal, irregular, de la religión: como una heterodoxia.

La poesía no es moral o inmoral; justa o injusta; falsa o verdadera; hermosa o fea. Es simplemente poesía de soledad o de comunión. Porque la poesía, que es un testimonio del éxtasis, del amor dichoso, también lo es de la desesperación. Y tanto como un ruego puede ser una blasfemia.

Octavio Paz

desde Palabras Malditas

martes, 23 de febrero de 2010

Interné

He de confesar que justo ahora mi creciente interés por los fenómenos cibernéticos llegó a su momento cúspide. No sé que hacía hasta ahora sin participar activamente en esta locura. Acabo de enterarme que el Dalai Lama tiene un myspace. Sin palabras. Tenía que haberlo sospechado después de que esta semana he revuelto todo hasta el punto de agregar a mi twitter a Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway, Octavio Paz y Julio Cortázar que también tienen twitter.

Entre esta actividad reciente, mi amigo Roy y la Conferencia de Clay Shirky y el poder de los medios de comunicación sociales, me doy por convencida: estamos en el futuro.

Demasiado para mi medieval conciencia. Me voy a dormir.

viernes, 14 de agosto de 2009

Recuerdo de invierno

preciso el momento:



Sí. Las manos se me comienzan a poner frías y entonces, paro de leer. Llevo mucho tiempo leyendo, leyendo las líneas vivas de los muertos, leyendo las líneas muertas de mi vida. Pero ya me cansé. En este parque y a esta hora, ya me ha llegado el invierno. Unas gaviotas vuelan por este cielo, enmarcado por las columnas del kiosko. Unos niños comen y un bailaor practica su baile. Yo leía, pero ahora ya sólo camino. Un pie tras otro, un pie tras otro, ¿qué otra forma hay de pasar por la vida? Las hojas ya se cayeron, flotan en los charcos ya desengañadas y desposeidas de primavera. Y como siempre, en este parque de soledades, recuerdo. Recuerdo este amor, hecho sólo de pensamientos. Lo recuerdo porque el recuerdo es lo único que queda entre los mares de lejanías. El pensamiento viene en el paseo; del paso pausado sobre las hojas frías, de la mirada alta en las ramas solas, del cielo manchado de blancos, del viento que se estrella en la punta de mi nariz. Entonces, desde fuera, el viento-pensamiento entra de golpe en mi. Y soy víctima de mis propias percepciones. Maldita sea, más vale no recordar.
Estoy harta de querer saber. La vida de todos los poetas muertos, se me revuelven entre el estómago y la frente. No quiero estudiarlos más, sólo quiero tenerlos cerca. Quiero no estudiar más y seguir para siempre recorriendo este parque, estas calles, estos desgraciados callejones. Quiero quedarme en el caos, no aprehender las categorías, no ordenar apoliniamente esta existencia pelada. Esta ya es la verdad, estos troncos alzados, este rocío de hierba, esta gente ensombrecida, ese niño jugando. Esta es la verdad, las manos congeladas, el pensamiento entrando y saliendo de las puertas obscuras, la sensación que bota de la tierra bronceada al cielo plateado, del cielo desnudo a la tierra vestida. Tot plegat, todo junto, la unión del desvarío; la intuición que corona todo el pensamiento, la totalidad de las horas, de los seres, de las hambres, de las mentiras y la verdades. Nada más importa tanto. Nada importa tanto como saberse así envuelta, cobijada con el manto eterno del caos ordenado. No quiero saber más, de categorías preexistentes, de teorías encerradas que se miran el ombligo. Quiero hablar con la gente, conocer su despojo de realidad, su fragmento de existencia, su ser finito inconsiciente del infinito que le alberga y le pertence. Quiero perderme en la embriaguez del tiempo, en el corazón de la prosa, la poesía desnuda de la triste nobleza.
Abrazar el mundo como una adolescente; es la única y verdadera esperanza: el deseo más válido y perenne.

jueves, 13 de agosto de 2009

Origen


Tan perfecto era el origen que su sombra obscureció todo lo que le siguió.
Había tiempo. El silencio permanecía como un hilo de luz penetrante y continuo que lo ocupaba todo. Nada remitía a nada, hasta que finalmente la abstracción se inundó de un púrpura cálido... como el que aparece cuando cierras los ojos. Después una explosión, aquella que revolucionó la nada. Apareció la tierra, de ella brotaron montañas y descendieron abismos. Luego llovió y llovió cada vez más fuerte, crecieron ríos flanqueados por árboles y arbustos, pequeños seres de todo tipo comenzaron a gestarse. Siguió lloviendo hasta que de un largo relámpago se desprendió la poesía, fue entonces cuando la creación se hizo conciente de si misma.
Con la poesía vinieron las musas a un paisaje de colores escampados. Los seres, las voces, fueron cobrando vida propia. El ser humano comenzó a distinguirse del resto, pero aún así no entendía nada. En aquel momento el desgraciado hombre se sentó en una roca, en una pausa de tierra, y lo contempló todo. Creyó sentir dioses y les concibió mitos. Después de unas cuantas vueltas, el mismo hombre decidió que los uniría a todos y creó un solo Dios a su imagen y semejanza. Sus vecinos más sensatos decidieron nombrarle el innombrable (Bao) y le otorgaron la razón irracional y una totalidad inmensurable. Después de más tiempo el desamparado hombre decidió que su Dios había muerto y entonces comenzó a creer en si mismo. Se pasaba tropezando porque a su limitada perspectiva le estorbaba su propia nariz. Intentó en vano creer en algo, descubriendo entonces que era una de sus incapacidades; eran pocos los afortunados.
Con la idea de progreso vinieron las grandes depresiones y la irremediable visión de la decadencia. La gran mayoría acabó tomando los grandes y sabios sistemas de creencias como referencias y señales de cultura. Se establecía pausada y ferozmente la premisa de la supremacía de lo nuevo. Comenzaron las revoluciones. Por aquella necesidad innata de sentido y dirección, de resolución de los grandes misterios, alternativas científicas acudieron a ofrecer nuevas explicaciones. Todo aquello resultaba engañoso e igualmente ambiguo. El vacío interno crecía dentro de cada uno, pero la producción cada vez más acelerada de bienes de consumo se encargaba de crear y saciar otras necesidades (algunos infundían la idea de que de otra manera el mundo pararía de girar). El orden pragmático se le atribuía a un nuevo dios, también inventado por el hombre a su imagen y semejanza. Este era tangible y omnipresente e incluso era considerado omnipotente. Era el poder, su máximo representante se erguía como gobernador del mundo. Era el Dinero.

*
Lejos y cerca de seres tan racionales, mariposas y yerbas igualmente crecían. Libre y despreocupadamente los horizontes reposaban en amplia contemplación. La tarde olía a merienda. Un estrecho camino alejaba la casa de adobe del pueblo de los robles viejos. Un niño sin nombre y sin zapatos sentía en los ojos perecer al invierno. No tenía que añadir más que su propia existencia. Rodillas en los escalones y todos los colores de los crayones en el suelo. El niño pintaba un sol imperfecto y a las renegadas montañas mientras su destino permanecía sentado a su lado.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Manifiesto




La flor llamada Heterodoxa proviene de una planta carnívora. La Heterodoxa pertenece a la especie Heliamphora, de la famila Sarraceniaceae. El origen silvestre de esta planta se rastrea en los "tepuis" o mesetas elevadas de sudamérica.
Existen seis especies y doce híbridos hortícolas con hojas más coloreadas o de flores más grandes, de entre las cuales la que más se cultiva es la Heliamphora heterodoxa. Como en otros muchos casos (y en la vida en general) son más fáciles de cultivar los híbridos, más tolerantes con la temperatura que las especies puras. Estas plantas crecen a partir de un rizoma, formando unos llamativos jarros que se disponen en forma de roseta. Los jarros tienen unos pequeños capuchones que segregan un néctar para atraer insectos. Los jarros se encuentran, por tanto, abiertos y se llenan de agua de lluvia. Los insectos son atraídos por el dulce olor del néctar, resbalan al adentrarse en el jarro y se ahogan. Las flores se encuentran sobre un largo pedúnculo floral, son de color blanco, roseado o verdoso y suelen tener forma de estrella.
La longevidad de esta flor es menor a 1 año, en casa; pero esta vida se prolonga si esta flor es trasladada a otras tierras o a un invernadero caliente.

CULTIVO DE HELIAMPHORA

Luz:
Ha de ser intensa, con sol directo, no ardiente. Estas plantas son sensibles al sol fuerte de las mañanas, prefieren el sol de las tardes. Una señal de que a nuestra Heliamphora le falta luz, nos lo dirá la aparición de líneas de bellos matices rojizos.Temperaturas:El lugar en el que crecen estas plantas tiene un microclima especial y único. Las temperaturas son frescas durante todo el año. En las noches de verano la temperatura debería bajar por debajo de 15ºC. No necesita hibernar, si bien en invierno se ralentizara el crecimiento.

Humedad:
Humedad ambiental muy alta, del 60% en adelante.

Riego:
Riegos constantes durante el verano, de lo contrario las delicadas raíces se tostarán. Proteger las raíces con riegos en días de temperatura elevada. En verano, riego diario, incluso varias veces al día; en invierno cada 2 ó 3 días.

Trasplante:
Es recomendable el trasplante anual, en primavera. Mucho cuidado cuando lo realicemos debido a que las raíces son extremadamente frágiles, y con un mal movimiento las podríamos dañar.


Las semillas tardan en germinar.